Desde mi camino ingenuo de rocas,
recolectando paisajes internos,
soplo la intacta flor que borró tu semilla.
No deberías.
Por todos los siglos de silencio humano,
no deberías.
Pero te harta probar el fruto ya digerido.
Eres la mecha, el deseo, el caudal de fuegos.
Para ti la sombra es virgen.
Y lo haces. Y lo cantas.
Desobedeces.